El término narcótico, en su acepción médica, se refiere principalmente al opio, sus derivados directos o sustitutos sintéticos. A nivel médico e industrial, los narcóticos son indispensables para la práctica de la medicina moderna, pues representan el agente más efectivo que se conoce para aliviar el dolor intenso en tratamientos paliativos. Asimismo, históricamente son usados como supresores de la tos y en remedios centenarios para el control de la diarrea severa.
Bajo una estricta vigilancia y prescripción médica, los narcóticos pueden ser suministrados por vía oral o intramuscular. Sin embargo, en su faceta de sustancias de abuso, suelen ser aspirados por la nariz, fumados o auto-administrados por vías más invasivas y directas (subcutáneas o endovenosas), conllevando graves riesgos para la salud pública.
El alivio del sufrimiento, de origen tanto físico como psicológico, puede convertirse en un corto lapso en euforia. Los primeros efectos con frecuencia son desagradables, por lo que muchos concluyen que quienes persisten en el uso ilícito de narcóticos tienen trastornos de personalidad en estado latente. Los narcóticos producen efectos de fijación pupilar, aletargamiento, apatía y constipación. En grandes dosis inducen al sueño pero con un creciente riesgo de náuseas, vómito y depresión respiratoria, que son los mayores efectos tóxicos de los opiados; excepto en casos de intoxicación aguda, no hay pérdida de coordinación motora ni aparecen problemas al hablar (farfulleo), como sucede con los depresores.
Dependencia y Síntomas de Abstinencia
La dependencia física se refiere a una alteración de las funciones normales del organismo que requiere de la continua presencia de la droga para evitar el síndrome de privación o abstinencia que es característico de cada tipo de adicto.
Con la supresión del narcótico, las primeras señales de privación se presentan poco tiempo antes de la siguiente dosis habitual. Síntomas tales como ojos llorosos, fluido nasal, bostezos y sudoración, aparecen entre **8 y 12 horas** después de la última toma. Es entonces cuando el adicto puede caer en un sueño inquieto. Para protegerse del síndrome de abstinencia, aparecen señales de inquietud, irritabilidad, pérdida de apetito, insomnio, “piel de gallina”, temblores y, por último, bostezos con intensos estornudos. Estos síntomas alcanzan su máxima expresión entre las **48 y 72 horas**.
El paciente queda debilitado y deprimido, con náusea y vómito. Son comunes los retortijones y la diarrea. Se eleva la presión arterial y el ritmo cardíaco. Se alternan sensaciones de frío y calor con sudoración excesiva. Se presentan dolores en las coyunturas y los músculos de la espalda y las extremidades, así como espasmos musculares y movimientos de pateo. Sin tratamiento, el síndrome continúa su curso normal y desaparece entre **7 y 10 días** después.
Desintoxicación y pureza de las sustancias
Los síntomas de privación pueden ser evitados si se lleva a cabo una reducción gradual del narcótico en un período de alrededor de tres semanas. La desintoxicación del adicto puede lograrse sustituyendo la droga ilegal por metadona oral y reduciendo la dosis paulatinamente. Sin embargo, dado que la vida diaria del paciente se encuentra inmersa en la ingestión y dependencia de la sustancia, los patrones de conducta no son corregidos únicamente con la abstinencia física.
Puesto que no hay un sistema simple para conocer la pureza de la droga adquirida en el mercado ilegal, su potencia real es desconocida. La reacción ante una ligera sobredosis puede inducir al estado de coma con respiración lenta y superficial. La piel se torna pegajosa y fría, el cuerpo inerte y la quijada floja; existe el peligro inminente de asfixia por bloqueo de vías respiratorias. En los centros hospitalarios existen antídotos específicos para tratar la intoxicación aguda por narcóticos.
Narcóticos de Origen Natural
La amapola Papaver somniferum es la principal fuente de narcóticos no sintéticos. Ha crecido en la cuenca del Mediterráneo desde el año 300 A.C. y a partir de entonces se le ha cultivado en países tan diversos como Hungría, Turquía, India, China y México. El líquido lechoso que fluye de las incisiones hechas en la cápsula de las semillas antes de su maduración es recolectado a mano y secado al aire para obtener la goma de opio.
Es posible extraer por lo menos 25 diferentes alcaloides del opio. Estos se clasifican en dos categorías generales: los alcaloides fenantreno (representados por la morfina y la codeína), usados como potentes analgésicos; y los alcaloides isoquinilónicos (representados por la papaverina, relajante intestinal), que no tienen efectos significativos sobre el sistema nervioso central.
En la próxima edición, les presentaremos la segunda parte de este interesante artículo.
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